15 febrero, 2018 admin 0Comment

14 de febrero día de los enamorados, cada año nos bombardean desde los medios de comunicación, las redes sociales, los escaparates de las tiendas, los colegios… en general todo a nuestro alrededor nos recuerda que nos acercamos a la festividad de San Valentín.  Como en todo, existe verdaderos amantes y detractores de este día. Desde aquí, vamos a intentar dar unas pinceladas, al concepto de amor, de apego y a la idea romántica de la media  naranja.

Ya desde la definición de la Real Academia de la  Lengua Española podemos intuir la idea que tenemos en la sociedad sobre lo que es el Amor.

Definición de Amor:

Del lat. amor, -ōris.

  1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
  2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

Como podéis ver, la noción de que el amor es algo que nos completa y que necesitamos para poder ser felices, está muy extendida en la cultura occidental.

El origen del mito de la media naranja lo tenemos que buscar en Platón y su obra El Banquete . En ella, Platón mostraba las enseñanzas de Aristófanes quien explicaba cómo al principio la raza humana era casi perfecta: “Todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción”. Estos seres podían ser de tres clases: uno, compuesto de hombre y hombre; otro, de mujer y mujer; y un tercero, de hombre y mujer, llamado ‘andrógino’.

Cuenta Aristófanes que “los cuerpos eran robustos y vigorosos y de corazón animoso, y por esto concibieron la atrevida idea de escalar el cielo y combatir con los dioses“. Y ante aquella osadía, Júpiter, que no quería reducir a la nada a los hombres, encontró la solución, un medio de conservar a los hombres y hacerlos más circunspectos, disminuir sus fuerzas: separarlos en dos. El problema surgió después: “Hecha esta división, cada mitad hacía esfuerzos para encontrar la otra mitad de que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con ardor tal que, abrazadas, perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra”.

He aquí el  origen de la búsqueda desesperada por encontrar el amor, la necesidad de tener a alguien que nos complemente y nos haga sentir “enteros”.  Creo necesario explicar también el concepto de apego y sus diferencias con el amor. Para los psicólogos, el término apego se refiere al vínculo afectivo que establecemos con otras personas, de forma intensa, que se mantiene a lo largo del tiempo y hace que nos sintamos seguros y amados.  A través de la teoría del apego, estudiamos los diferentes vínculos que los bebés establecen con su figura de apego o cuidador principal (que suele ser la madre). No son pocos los expertos que establecen que ese apego inicial será determinante a la hora de establecer nuestras relaciones en la edad adulta. De aquí ha surgido la crianza con apego, que promueve el establecer un fuerte vínculo para que los niños desarrollen una personalidad independiente y segura.

Hay una cierta connotación de exigencia, exclusión y aferramiento en el término apego, una necesidad de sentirse cuidado y protegido por la persona con la que establecemos el vínculo. Por ello, diferenciamos apego de amor por el hecho de que el amor debe dar libertad a la persona amada (sean pareja, hijos, amigos…).

Una vez explicadas estas diferencias, considero más apropiada un antigua leyenda siux para explicar cómo debe ser el amor: Una pareja de enamorados acude a un sabio chamán para pedirle consejo para que su amor dure para siempre. El chamán les pide que capturen dos aves y aten sus patas con una cuerda, después de ello, le echan a volar. Como podéis imaginar, las aves caen al suelo en cuanto intentan emprender el vuelo. El chamán les dice: “Si os atáis el uno al otro, aunque sea con amor, lo único que vais a conseguir es arrastraros, lastimaros y ser infelices. Si deseáis que vuestro amor perdure: volad juntos bien alto pero jamás atados. Porque el verdadero amor une pero no encadena.”

 Como decía mi antiguo profesor Félix López, no somos medias naranjas que luchan por encontrarse, somos naranjas enteras que decidimos juntarnos para recorrer juntos parte de nuestro camino vital.

 Ojalá sea un camino muy largo y próspero. ¡Feliz San Valentín!

 

 

 

 

 

 

 

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